Psicología y diferencia sexual

Fragmento del Texto creado en la Experiencia formativa Psicología centrada en las mujeres e informada en Trauma 2025-2026.
Facilitadora: Mtra. Daniela V. Cato
Transcripción, adaptación y edición: Dra. Bene Díaz
Sesión 7: martes 4 noviembre 2025

La experiencia formativa “Psicología centrada en las mujeres e informada en trauma” parte de la convicción de que la vivencia encarnada de las mujeres es el origen de la teoría. Por eso, es fundamental la acción de nombrar, reconocer y compartir la experiencia de nuestras cuerpas sexuadas y poner nuestra experiencia en el centro de la reflexión, con el objetivo de asimilar cómo el reconocimiento de la diferencia sexual nutre y potencia los acompañamientos que brindamos a otras mujeres.

El presente documento es fruto de los sentipensares de las compañeras de esta experiencia formativa. Entreteje lo compartido acerca de las maneras en que vamos intuyendo el pensamiento de la diferencia sexual.

La intención es que nos sirva como un referente; no sólo para seguir leyendo a otras autoras, sino, sobre todo, para releernos a nosotras mismas, por si alguna vez nos sentimos perdidas. 

Ginealogía del pensamiento de la diferencia sexual

Ignorar la diferencia sexual es una pretensión peligrosa, pues equivale a borrar la historia completa de las mujeres. Una historia marcada por la violencia, los abusos y la opresión, pero también por una rica historia de rebeldía, libertad y gozo. Toda esta ginealogía de mujeres es la que da sentido y materialidad a nuestro pensamiento. Reconocemos la genealogía de mujeres que han abierto camino. Destacamos tres autoras clave:

Carla Lonzi (1931-1982), crítica de arte y escritora italiana; cofundadora de Rivolta Femminile, autora de Escupamos sobre Hegel, quien rechaza la dialéctica masculina y reclama a la mujer como sujeta autónoma. Su pensamiento floreció en un contexto de efervescencia donde coexistían el   radical estadounidense y el feminismo de la igualdad europeo.

Luce Irigaray (1930-), filósofa, lingüista y psicoanalista belga; autora de Speculum de l’autre femme (1974), que cuestiona el psicoanálisis freudiano-lacaniano y la exclusión de la mujer del lenguaje patriarcal, ruptura que le costó la expulsión de la École Freudienne.

Andrea Franulic Depix (1975-), pedagoga y doctora en lingüística hispánica chilena; cofundadora de Feministas Lúcidas, quien articula el “feminismo radical de la diferencia sexual” integrando el feminismo radical estadounidense, la escuela de Margarita Pisano y la teoría europea para el contexto latinoamericano (Incitada: Feminismo radical de la diferencia, 2021; Confesiones de una amante de la lengua materna, 2023). De esta manera, Andrea Franulic, junto con otras pensadoras como Jessica Gamboa y Marisol Torres, realiza una articulación maravillosa de estos dos pisos políticos. Este trabajo colectivo ha sido clave para crear formas de análisis pertinentes para la realidad de las mujeres en Latinoamérica.

Dialogar y reconocernos en las otras

Resulta importante considerar que el acercamiento al pensamiento de la diferencia sexual no siempre es sencillo; para muchas, ha representado un choque muy fuerte, un encuentro incómodo y generador de muchas dudas, especialmente cuando la trayectoria personal se ha posicionado en otras bases feministas.

Una vía poderosa para comprender la profundidad de la diferencia sexual ha sido hablar entre nosotras sobre cómo vamos comprendiendo los textos y disponernos a escucharnos, nutriendo la propia experiencia de vida y nutriendo nuestro acompañamiento a otras mujeres.

La invitación es a la apertura, a hacernos preguntas. Preguntas que quizás ya habíamos formulado y que ahora estamos replanteando, o preguntas que tal vez ni siquiera habíamos imaginado.  Y si es posible, que gocemos mientras sucede.

Reconectar con la cuerpa

El pensamiento de la diferencia sexual nos convoca a un acto de toma de consciencia y atención profunda a la información y sabiduría que la cuerpa de cada una expresa, manifestada a través de sensaciones, emociones, percepciones y sentimientos.

La invitación es a volver a sentir en plenitud, reconociendo que nuestra cuerpa sexuada ha sido simbolizada de modos que nos alejan de nosotras mismas, que anestesian nuestro dolor e históricamente juzgan nuestro placer. La diferencia sexual se vive y se construye desde la experiencia, lo que nos abre a una profunda sabiduría encarnada. Nuestra comprensión de la cuerpa es clara:

  • La cuerpa es la manera en cómo experimentamos la vida. Es el cómo y el desde dónde nos relacionamos con el mundo.
  • La cuerpa es productora de subjetividad. Yo soy mi cuerpa; donde yo estoy está mi cuerpa.
  • Nuestra disposición hacia el entorno es intrínsecamente distinta a la de los varones.
  • No existen cuerpos neutros, la supuesta neutralidad siempre ha sido lo masculino.

Esta escucha de la sabiduría de la propia cuerpa, implica:

  • Renunciar a la aprobación masculina y dejar de otorgarles el lugar de conocimiento de la salud, belleza y el bienestar de nuestras cuerpas.
  • Denunciar la estigmatización histórica de los procesos orgánicos de las mujeres y el intento de regular o patologizar las experiencias de las mujeres desde la política masculina.
  • Reconciliarnos plenamente con nuestra cuerpa en su totalidad, aceptando que somos adultas con vellos, grasa y madurez corporal natural.
  • Reconocer que nuestra forma de acompañar y estar en el mundo es distinta cuando estamos ovulando, menstruales, en fase lútea, gestando, amamantando o en la perimenopausia o plenipausia. La situación hormonal particular modula el cómo acompañamos y esta misma situación atraviesa también la cuerpa y la experiencia de la mujer a la que acompañamos.
  • Interrogar nuestros deseos, la elección de pareja, la sexualidad y la heterosexualidad obligatoria, ya que esta opera como un potente filtro cultural a través del cual vemos y vivimos nuestras cuerpas. Ha sido necesario preguntarnos: ¿De dónde provienen todas mis ideas sobre mi propia sexualidad? Así podremos desmantelar las estructuras internas que nos impiden experimentar plenamente nuestra cuerpa.

Reconocimiento del trabajo reproductivo como sostenimiento de la vida

Nuestra diferencia respecto a los varones radica en una materialidad socialmente encarnada y simbolizada culturalmente. Como mujeres, hemos sido históricamente una clase sexual explotada, una realidad que el feminismo materialista ha puesto en el centro del análisis.

Reconocemos que el patriarcado ha utilizado y manipulado los cuidados como una forma de explotación del trabajo femenino. Nuestra intención no es negar esta explotación, ni queremos repetir la política masculina que promueve el trabajo productivo como el único camino que las mujeres debemos transitar. Queremos rescatar la belleza y la importancia intrínseca de los cuidados, la biofilia o amor a la vida. Recuperar el valor que el trabajo reproductivo tiene para la continuidad de la existencia y para el sostenimiento de la vida y de la comunidad.

Somos diferentes a ellos y somos dispares entre nosotras

Para entender esta complejidad de la diferencia entre nosotras, las pensadoras de la diferencia sexual acuñan el concepto de disparidad. Este término se refiere a que, si bien compartimos la semejanza de ser mujeres, también somos incomparables entre nosotras. No somos una masa homogénea ni una “sola mujer”.

La propuesta de la diferencia sexual es encontrar modos de relacionarnos en disparidad sin crear jerarquías que justifiquen subordinación, clasificación y establecimiento de niveles de poder o estatus. Utilizar el término disparidad nos permite reconocer y honrar el “más de la otra”. Este “más” son esas cualidades particulares, ese conocimiento o esa capacidad única que cada mujer posee y que las demás no tenemos de la misma forma ni en la misma medida. Es lo que nos permite nutrir a las otras y a las colectividades donde participamos, desde nuestras propias características, sin que esto nos coloque ni arriba ni abajo.

Las pensadoras de la diferencia sexual reconocen la envidia como una emoción intrínsecamente asociada a la admiración, lo que muchas hemos experimentado como competencia o comparación. La invitación es reconocer la admiración detrás de esta emoción compleja, que puede ir acompañada de este reconocimiento del “más” de cada una y de las otras, para así habitar otras formas de relacionarnos entre nosotras.

Un elemento central de esta propuesta se nutre de conceptos como el de affidamento (nombrado por las feministas italianas) que significa confianza mutua, cuidado y alianza entre mujeres.

La disparidad en el vínculo terapéutico

La relación terapéutica es inherentemente una relación dispar. La mujer que acude a terapia va a buscar algo, va a buscar nuestro “más”, aquello que podemos aportarle a su vida. Y recíprocamente, ella también aporta un “más” a nuestro espacio y a nuestra vida como acompañantas. Es crucial reconocer que siempre es una relación de disparidad, pues somos distintas, pero esta diferencia no tiene por qué estar atravesada por la lógica del poder masculina que es jerárquica o supuestamente horizontal.

Crítica a la horizontalidad y la igualdad

Las teóricas de la diferencia sexual postulan que nociones como la horizontalidad y la igualdad son propias de una política masculina y representan una trampa dentro del orden simbólico androcéntrico.

Muchas de nosotras, provenientes de vertientes de los feminismos que dialogan con la lucha obrera y el marxismo, incorporamos estas nociones, sin embargo, la horizontalidad, ni la igualdad coinciden con nuestra realidad, son una ilusión. Aunque conceptualmente se usan para intentar oponerse a la jerarquía del poder masculino, son la reproducción de lo mismo, pues homogenizan y categorizan en modos supuestamente neutrales (masculinos).

  • No queremos ser iguales a los hombres y no queremos los mismos derechos, porque no tenemos las mismas necesidades.
  • Consideramos muy importante dejar de replicar un lenguaje de la igualdad, porque es una trampa del desorden simbólico masculino androcéntrico.
  • Aunque formalmente se pretenda hacer creer que todas y todos tenemos acceso a los mismos derechos, esto es falso. El discurso sigue siendo androcéntrico.
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INICIA EN JUNIO 2026

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