Nombrar como práctica clínica y política
Inspirada en el pensamiento de Mary Daly, este laboratorio asume el acto de nombrar una práctica fundamental de transformación. Nombrar no es describir la realidad: es intervenir en ella. Es un gesto lingüístico, político y encarnado que rompe silencios, deshace ficciones y abre posibilidades de existencia.
Desde esta perspectiva, el laboratorio se configura como un espacio donde ejercitamos tres dimensiones del nombrar: denunciar, pronunciar y anunciar. Tres movimientos que no son lineales, sino entrelazados en la experiencia clínica y en la propia vivencia como mujeres.
Denunciar: desvelar lo que ha sido normalizado
Segun Mary Daly denunciar es un acto de des-velamiento. Implica hacer visible aquello que ha sido naturalizado, encubierto o legitimado bajo discursos aparentemente neutrales.
En el contexto de este laboratorio, denunciar no solo se dirige hacia las estructuras sociales más amplias, sino también hacia el interior de la propia práctica psicoterapéutica.
Denunciar implica identificar estos “falsos nombres” aquellas formas de nombrar que encubren relaciones de poder, que traducen la opresión en “problemas individuales” o que convierten la sobrevivencia en disfunción.
Es, en este sentido, un acto clínico y político, romper el hechizo de un lenguaje que ha operado como instrumento de control sobre la experiencia de las mujeres.
Denunciamos que, lamentablemente, muchos espacios terapéuticos incluyendo algunos dentro de la Terapia Gestalt contemporánea se reproducen formas sutiles o explícitas de violencia patriarcal:
- la desautorización de la experiencia femenina
- la neutralización de las categorías principales
- la patologización de respuestas sobrevivencia
- la regulación del cuerpo y de la agresión
- la exigencia de adaptación a vínculos que perpetúan daño (heterosexualidad obligatoria)
Pronunciar: recuperar la autoridad sobre la propia voz
Pronunciar es el paso de ser habladas a hablar. De ser definidas, a definir.
En este laboratorio, pronunciar implica recuperar la autoridad sobre la propia experiencia: nombrar desde el cuerpo, desde la percepción, desde la memoria y desde la relación con otras mujeres.
No se trata de repetir categorías teóricas, sino de generar sentido desde una voz situada. Una voz que reconoce sus resonancias en la práctica clínica, en lo que aparece en el encuentro terapéutico, en lo que se mueve, en lo que incomoda, en lo que irrumpe.
Pronunciar con autoridad es también un gesto de presencia:
hablar alto y claro,
sostener lo que se sabe,
permitir que emerjan palabras que no han tenido lugar.
Esto, implica transformar la escucha y la intervención: dejar de interpretar la experiencia desde marcos que la reducen, para acompañarla en su complejidad, sin despojarla de su sentido político y corporal.
Anunciar: convocar otras formas de existencia y relación
Anunciar es un acto de creación. No solo nombra lo que es, sino que abre lo que puede ser.
En este laboratorio, anunciar implica convocar otras formas de acompañar, de habitar el cuerpo, de vincularse y de sostener la experiencia.
Es un gesto que desborda la crítica para abrir mundo con
otras formas de relación terapéutica, prácticas que no revictimicen ni desautoricen,
modos de acompañamiento que reconozcan la agencia, el deseo y la potencia de las mujeres.
Anunciar es también crear condiciones para que otras mujeres puedan encontrarse, pensarse y escucharse desde otro lugar. Es generar un campo donde nuevas comprensiones y prácticas puedan emerger.
En este laboratorio revisamos teorías y participamos en la gestación de una praxis centrada en la experiencia de las mujeres.



